Asistencia personal, por derecho

Francisco Sardón

Francisco Sardón, presidente de PREDIF, reflexiona sobre el derecho a la asistencia personal en el marco del III Congreso Internacional organizado por la entidad

El Sistema de Autonomía y Atención a la Dependencia tiene muchos aspectos relevantes, pero quizás el más sublime de estos (ya lo hemos comentado en otras ocasiones), es el reconocimiento subjetivo de un derecho: el derecho a acceder al apoyo necesario que nos permita vivir de una forma digna y participativa en la sociedad.

Derecho, dignidad y participación son los tres pilares donde se sustentan todos los objetivos del sistema de dependencia. El derecho a recibir una prestación que nos permita vivir con dignidad y que no sea algo benéfico y la participación entendida en un doble sentido: la participación de la propia persona dependiente en la elección de la prestación que más se adecúe a sus necesidades y una vez conseguida qué esta prestación permita a la persona tener una mayor participación en la sociedad en todos sus ámbitos. Todas estas cuestiones pueden llegar a parecer obviedades para cualquier persona que no haya experimentado que se ponga en cuestión su capacidad para participar, y subrayo participar, en la elección de los apoyos que mejor le van a servir para llevar una vida normalizada, pero a las personas con discapacidad nos ha costado muchos años alcanzar este derecho esencial y aún hoy estas cuestiones siguen siendo motivo de controversia.

La locución latina sapere aude (atrévete a pensar) o también traducida como: atrévete a usar tu propia razón, se ha convertido en un lema universitario universal y en un principio filosófico esencial. Este principio, también para las personas dependientes, se ha convertido en una consigna que nos hace mantener el pulso contra esa otra forma de entender la atención a las personas dependientes que se sustenta en ideas y criterios ya superados provenientes del modelo médico/rehabilitador: a las personas con discapacidad y/o dependientes, con independencia de la edad, hay que protegerles y ayudarles en el diseño de su proyecto de vida y en la elección de sus apoyos. Nosotros por nosotros mismos no somos capaces; ellos por sí mismos no pueden hacerlo. Estas eran las máximas del inválido modelo. Muchas personas se conformaban con que las personas con discapacidad estuvieran atendidas, querían que estuviéramos “bien”, que estuviéramos en un centro o en nuestra casa, pero “bien atendidos”, pero no se planteaban que formáramos parte activa y decisiva en el desarrollo y prosperidad de la sociedad. Eran pocas las ocasiones en las que nos preguntaban si lo que nos estaban ofreciendo era lo que realmente necesitábamos y también eran escasas las veces en las que nosotros mismos sabíamos lo que queríamos porque nos habían enseñado a que nosotros por nosotros mismos no éramos capaces de discernir, porque no nos habían enseñado a decidir por nosotros mismos como a cualquier otra persona. ¿Qué es lo que en el fondo se enseña en las aulas?

La asistencia personal más allá de ser un apoyo social para que las personas sean más autónomas, menos dependientes y más participativas es la forma más natural de empatizar con las personas con discapacidad y de permitir que las personas con discapacidad se conviertan en personas en toda su plenitud: personas con capacidad de instrucción, personas que han aprendido a tomar sus propias decisiones, personas que aciertan y se equivocan, personas con talento, personas que saben lo que es más adecuado para sí mismos en cada momento de su vida.

La asistencia personal por derecho es una realidad difusa aún en nuestro país, ya que en función de la comunidad autónoma donde residas podrás acceder a esta prestación o no. Hay muchas comunidades autónomas que aún no han concedido ninguna prestación de asistencia personal y no es excusa que entre las personas con discapacidad y/o dependientes sea una prestación poco conocida más bien, y es una opinión personal, lo que aún es poco conocido es que las personas con discapacidad sentimos y tenemos las mismas necesidades que las personas que no tienen ninguna discapacidad o dependencia, que nada nos diferencia en este sentido, que queremos contribuir y que tan solo necesitamos los apoyos necesarios para poder hacerlo. Las leyes y las normativas y sus desarrollos son necesarios para que ordenemos de una forma equitativa el acceso a estos apoyos y a un sistema de derechos. Entender nuestras expectativas como personas es imprescindible para que las leyes y las normas no se conviertan en algo diferente a lo que persiguen o se queden en papel mojado o incluso lleguen a obstaculizar la oportunidad de ser uno más, la oportunidad de sumar que tenemos las personas con discapacidad como puede llegar a ser este caso.

 

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