Siete millones de personas que necesitan de la solidaridad de todos y que podemos ser alguna de esas personas en cualquier momento

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Columna de opinión de Francisco Sardón, presidente de PREDIF, publicada en "El Norte de Castilla".

De las definiciones que más me gusta cuando nos referimos a España es que nuestro país en un Estado solidario. Las personas que vivimos aquí, en España, nos gusta saber que contribuimos activamente para que, con parte de nuestros impuestos, exactamente con el 0,7 %, se cubran las necesidades básicas de las capas de nuestras población más desfavorecidas. Podemos tener muchos defectos como Estado y como ciudadanos, pero a esto nos ganan muy pocos o me atrevería a decir, para no ser “muy tirao palante”, que los países que están en cabeza de la solidaridad, como mucho, empatan con nosotros.

 Y este buen gusto de los españoles por poner la X en la casilla, que indica que decidimos por nuestra propia voluntad, sin que nos obliguen destinar a fines sociales ese porcentaje de nuestros impuestos, se debe en gran medida a que sabemos con certeza que estamos ayudando a siete millones de personas, a siete millones de amigos, de familiares, de compañeros y de conciudadanos que tienen problemas muy acuciantes motivados por una enfermedad, por una discapacidad, motivados por tener una edad avanzada o por ser mujer o emigrante o por ser de una etnia en concreto.

También sabemos con seguridad, y estamos convencidos de que así debe ser, que no podemos mirar para otro lado, o simplemente ruborizarnos, cuando presenciamos una catástrofe en otro país. Nos gusta echar una mano y nos gusta hacerlo aportando, contribuyendo, arrimando el hombro. Muchas entidades sociales son las que controlan y canalizan que una persona que padece una enfermedad rara obtenga un tratamiento que palie sus efectos, o que una persona de edad avanzada sin recursos pueda acceder a una residencia, o que una mujer que ha sufrido la maldita violencia machista pueda recibir terapias o que las mujeres con problemas de cáncer de mama puedan ser atendidas en centros integrales o que muchos de nuestros jóvenes puedan acceder a una formación pública y puedan tener un futuro o que una persona con una dependencia física, intelectual o sensorial pueda participar en la sociedad en igualdad de condiciones con apoyos de asistencia personal.

Siete millones de personas que necesitan de la solidaridad de todos y que podemos ser alguna de esas personas en cualquier momento. Así es la vida de maravillosa a veces, o de implacable en otras ocasiones. Lo sabemos, nadie está libre de caer en desgracia, de sufrir una inesperada enfermedad o un fortuito revés. Nadie está libre de tener un familiar, un amigo, un compañero o un conciudadano con problemas serios, con problema de los de verdad. Y creo que como sociedad no nos gusta seguir avanzando y dejar a todas estas personas atrás. Estoy convencido de que no nos gusta, y por eso somos cada vez más, más de diez millones de personas los que marcamos la X solidaria y confiamos en las entidades de carácter social para que nuestra sociedad avance de la forma más equilibrada posible y que nos podamos mirarnos al espejo con orgullo de pertenencia a un país que se considera y es solidario. Es lo que más me gusta de España, sin duda.

Por eso, tan importante como marcar la X solidaria y hacer este ejercicio anual que nos sienta tan bien a los españoles y a nuestro estado, es igual de importante exigir a nuestros responsables políticos que sigan destinando el 0,7 % de nuestros impuestos a construir una sociedad donde quepamos todos, una sociedad que no abandona a los suyos por motivos de edad, o por padecer una grave enfermedad o por sufrir una mala racha o por tener unos rasgos diferentes o por ser un menor o una mujer. Nos gusta ser solidarios y nos gusta ser los mejores en esto, lo decimos cada año. Es de las pocas cosas que nos gustan a todos pero eso también forma parte de nuestra idiosincrasia respetable como país y para una de las pocas cosas que en las que nos ponemos de acuerdo, no vayan ustedes a tocarla mucho y a estropearla. Dejen que los españoles se sigan sintiendo satisfechos haciendo este ejercicio de rentaterapia y entre todos vayamos construyendo una sociedad más sana.
 

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