En la buena dirección (Invertir en autonomía)

Francisco Sardón.

Artículo del presidente de PREDIF, Francisco Sardón, publicado en El Mundo Castilla y León el 13 de junio de 2018.

Todas las personas, tanto a nivel individual como a nivel colectivo, tienen uno o varios propósitos en la vida y para conseguirlos hay que ir andando y, en ocasiones, desandando caminos. Hay que iniciarse por nuevos ramales que pudieron ser desechados en el pasado por no estar debidamente explorados. Nos gusta pisar en firme, pero también hay que ser audaces para encontrar con celeridad el sendero que nos encamine a conseguir nuestra finalidad. No es fácil ni encontrar nuestro camino ni mantener el rumbo. Hay personas que se sienten más seguras por travesías ya trilladas y desalientan a aquellas personas que sienten en su interior que tienen que cambiar de dirección. También hay otras personas que conectan con tus anhelos y no solo te animan sino que te acompañan. Hasta alcanzar tus metas te puedes encontrar todo tipo de personas. Hay que saber discernir quien o quienes entienden la vida como tú y no desperdiciar mucho el tiempo. Las personas con discapacidad, en esta comunidad más del seis por ciento de la población, nos encontramos en buena disposición y tenemos un gran propósito: queremos formar parte activa de esta sociedad.

La palabra activa ya nos da muchas señales de por donde hemos orientado la consecución de nuestros objetivos. Esta palabra u otras palabras o términos como: toma de decisiones, vida independiente, contribuir, aportar, independencia (bueno, esta palabra no la voy a utilizar mucho en este artículo porque la estamos manoseando últimamente mucho) aprovechar el talento, rentabilidad social, rentabilidad económica, igualdad de oportunidades, calidad o calidez son algunas de las herramientas gramaticales que nos están sirviendo para construir ese camino hacia la igualdad, que en nuestro caso, ni siquiera existía entre los muchos caminos que hemos ido recorriendo durante estos años. Hasta no hace mucho, el estar “bien atendidos”, el que tuviéramos nuestras “necesidades básicas” cubiertas era para muchas personas con discapacidad y sus familias su máxima aspiración. Para las administraciones públicas también.

Número de personas atendidas, número de personas en centros o números de personas recibiendo algún servicio eran los datos importantes para justificar una buena gestión. Apenas se contemplaba un aspecto tan importante, pero que todos pasábamos por alto, como el de si gracias a esas “ayudas” o subvenciones, gracias a esa plaza en uno u otro centro, si gracias a los servicios que recibíamos estábamos en el camino correcto para alcanzar nuestros propósitos como personas. ¿Se puede preguntar usted que cuáles son nuestros propósitos? Pues los mismos propósitos e intereses que los de cualquier otra persona: poder acceder a unos estudios de calidad que nos permitan adquirir el conocimiento y las destrezas suficientes para poder acceder a un puesto de trabajo que a su vez nos permita realizarnos y generar unos ingresos económicos solventes para poder emanciparnos, para poder contribuir con nuestros impuestos y también con nuestro talento al progreso de nuestra sociedad. Poder viajar para ir construyendo nuestra propia perspectiva de las culturas y las creencias; poder afrontar una vida en pareja o no; poder tener una familia o no. Poder hacer todas estas grandes cosas y otras muchas cosas que no parecen tan grandes, pero que si son importantes, como decidir qué obra de teatro voy a ver, o qué concierto de música deseo disfrutar o cuándo me agrada ir de compras o quedar con mis amigos, y poder hacer todas estas cosas grandes o pequeñas, importantes o menos relevantes a nuestra manera incluso a riesgo de equivocarnos, sí, porque en muchas ocasiones nuestro entorno y la propia inercia garantista de la administración no contemplaba la posibilidad de que pudiéramos equivocarnos porque eran pocas las oportunidades en las que participábamos activamente en el diseño y la toma de decisiones de los apoyos que necesitábamos para la consecución de nuestras legítimas aspiraciones como personas.

Hace un año se inauguró en Valladolid el primer Servicio Integral de Asistencia Personal. Un servicio que facilita y promueve la asistencia personal para las personas con discapacidad y/o dependientes o para cualquier persona que lo necesite como herramienta de gestión y promoción de la autonomía de nuestras propias vidas. Ya no es lo más relevante, en el plano social, nuestro grado de discapacidad o dependencia sino nuestro proyecto de vida, nuestro entorno, nuestras metas, nuestras ambiciones, nuestro ingenio y nuestra forma, cada uno la suya, de entender la vida. Aspectos que son incuestionables en cualquier persona y que entran dentro del ámbito de los derechos, no eran tan certeros, hasta ahora para las personas con discapacidad y/ dependientes. A riesgo de equivocarnos hemos iniciado un camino, creemos que en la buena dirección, para entornarnos en personas activas y olvidarnos de cuando solo nos atendían.

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