“Mi responsabilidad es garantizar que las mujeres y niñas con discapacidad de todo el mundo tengan voz en el CEDAW”

Foto Ana Peláez

Entrevista a Ana Peláez, miembro del CEDAW desde el 7 de junio de 2018.

Por primera vez en los casi 40 años de historia del CEDAW (Comité sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer), una mujer con discapacidad ocupará uno de sus 23 puestos. Ella es Ana Peláez Narváez (Zafra – Badajoz, 1966), consejera ejecutiva de Relaciones Internacionales y Expansión Exterior de ONCE, vicepresidenta ejecutiva de la Fundación CERMI Mujeres y vicepresidenta del Foro Europeo de la Discapacidad. A sus espaldas atesora más de 20 años de experiencia profesional asesorando a gobiernos, a sociedad civil y a otras partes interesadas, para asegurar la plena inclusión de todas las mujeres y niñas con discapacidad en sus iniciativas. El pasado 7 de junio, su elección como miembro del CEDAW ha marcado un antes y un después en esta lucha.

PREDIF: En primer lugar, enhorabuena por tu nueva responsabilidad, que se ha convertido en un hito histórico para las mujeres con discapacidad. ¿Cuál ha sido tu primer sentimiento tras conocer los resultados de la votación?

Ana Peláez: Realmente mi primer sentimiento fue de mucha satisfacción por el trabajo realizado durante todo este tiempo, principalmente de mi equipo. Es también una conquista de un derecho fundamental y un reconocimiento mundial de las mujeres y niñas con discapacidad y de la diversidad humana que conforma también la población femenina.

P.: Por medio de la campaña #disabilityforCEDAW has recibido cientos de apoyos a su candidatura, que ven representado en ti el punto de inflexión, en el ámbito mundial, que necesitaban las mujeres y niñas con discapacidad. ¿Intimida o enorgullece este cometido?

A. P.: No es orgullo lo que siento, sino conquista de un espacio que ahora tenemos que llenar de contenido, lo que me genera un sentimiento de enorme responsabilidad, que va en dos sentidos. Por un lado, tener que contribuir a que el CEDAW aborde de forma sistemática en su trabajo cotidiano a consideración de mujeres y niñas con discapacidad; y lo segundo, dar voz y garantizar que el Comité escuche a las mujeres y niñas con discapacidad de todo el mundo. Esto significa que cuando el Comité esté trabajando con un determinado país, tenemos que asegurar que las organizaciones de la sociedad civil reporten sobre las mujeres y niñas con discapacidad y que provenga de estas últimas, las protagonistas. Es decir, debemos trabajar por construir ese marco de participación. 

P.: ¿Cuáles serán las primeras propuestas que plantearás en el Comité?

A. P.: En este momento ya estamos trabajando con la agenda del primer periodo de sesiones de 2019, se celebran 3 cada año, que tendrá lugar del 11 de febrero al 1 de marzo. En él, vamos a tratar que las mujeres y niñas con discapacidad sean objeto de consideración en el Comité en relación, en este periodo, con los países de Angola, Antigua y Barbuda, Botsuana, Bulgaria, Colombia, Etiopía, Serbia, Reino Unido e Irlanda del Norte. Además, trabajaremos para que las propias organizaciones que representan a este colectivo en estos países puedan reportar sobre su situación. Con esta cantidad de países en cada periodo de sesiones y teniendo en cuenta mi mandato de 4 años, habré podido incidir en la situación de la mujeres y niñas con discapacidad de 96 estados para darles representatividad en el Comité desde un enfoque más coherente con una metodología sistemática y de forma transversal.

P.: Has comentado que no sentías tu candidatura como personal ni tampoco de España, sino que era la candidatura de todas las mujeres con discapacidad. ¿Es la visibilización del lema ‘¡NADA PARA NOSOTRAS SIN NOSOTRAS!’?

A. P.: Este lema fue el que inspiró la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad y lo que pretendo con él es que también se cumpla para las mujeres y niñas con discapacidad. Cuando decimos nada queremos decir que cualquier decisión que competa a una mujer con discapacidad la tiene que tomar ella directamente. A veces, eso requerirá del apoyo en la toma de estas decisiones.

Además, sobre mi candidatura, quiero aclarar que en el CEDAW no represento a España ni a las mujeres con discapacidad. Yo soy una experta con discapacidad que tengo que garantizar la existencia del marco adecuado para que las mujeres y niñas con discapacidad puedan participar en el Comité. Según ONU Mujeres, una de cada cinco mujeres en el mundo tiene discapacidad y deben estar consideradas.

P.: Hablemos ahora de temas que preocupan a las mujeres y niñas con discapacidad. Respecto a la violencia de género sobre ellas, sufrida con mayor vulnerabilidad por la doble discriminación, ¿tienes constancia de que hay discapacidades a las que puede afectar más?

A. P.: Hablar de doble discriminación es un reduccionismo a la hora de interpretar la realidad de las mujeres con discapacidad. En el caso de la violencia de género, se dan otros muchos factores que les someten a una situación de máxima vulnerabilidad como son la incapacitación legal que les impide el acceso a la justicia, la accesibilidad de sus entornos que les impide escapar, el desempleo o la falta de recursos comunitarios. La discriminación tiene una base estructural. Como dato, un 20 % de las víctimas mortales por violencia de género eran mujeres con discapacidad, bien porque ya la tenían o como consecuencia del maltrato.

Sobre la mayor incidencia en un tipo u otro de discapacidad, una de las grandes demandas es la necesidad de analizar específicamente la violencia en las mujeres con discapacidad con una macroencuesta, algo que hasta ahora no se ha tenido en consideración. Por ejemplo, en la Macroencuesta contra la mujer de 2015 llevada a cabo por la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género, dirigida a mujeres en general, se descartaba a mujeres con discapacidad que necesitaran un apoyo para la comunicación o que vivieran en instituciones. Por ello, hemos solicitado que para la próxima se tenga en cuenta la realidad específica de las mujeres y niñas con discapacidad.

P.: ¿Qué recursos se deberían promover para erradicar esta situación?

A. P.: Es necesario la elaboración de estudios fiables, realizados por el Instituto Nacional de Estadística, que representen esta realidad de una forma más exacta. Además, se debe garantizar que los recursos existentes sobre la violencia de género sean totalmente inclusivos y accesibles, formar a los profesionales involucrados en este proceso y trabajar directamente con las mujeres y niñas con discapacidad y las madres para que sepan reconocer esta violencia y poder prevenirla. Como apoyo, desde Fundación CERMI Mujeres junto con Fundación Vodafone España, hemos desarrollado la aplicación ‘Por mí’, que les ayuda a saber qué derechos y recursos disponibles tienen.

P.: En relación con este tema, las mujeres y niñas con discapacidad reclaman un acceso universal a la justicia. Desde el CEDAW, ¿qué medidas se podrán tomar para hacer posible este derecho?

A. P.: El acceso universal a la justicia de las mujeres con discapacidad se encuentra limitado, entre otros asuntos, por procesos de incapacitaciones judiciales, que ya son incompatibles con la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. Además, otras mujeres, que no están incapacitadas legalmente, por razón de su discapacidad, tampoco tienen acceso por los costes de los procesos judiciales, que se agrava especialmente en este colectivo, donde la tasa de desempleo es superior al 75 % en España y disponen de pocos recursos económicos. También influye la falta de accesibilidad de los entornos de la justicia y de sus propias casas, o que muchas veces no se da crédito a sus testimonios por las dificultades para expresarse o entender.

P.: Y en el ámbito internacional, ¿cómo se garantizarían las denuncias individuales sobre violencia de genero e institucional en mujeres y niñas con discapacidad en zonas de conflicto o campos de refugiados?

A. P.: Sobre las zonas de conflicto o instituciones de refugio/asilo, gran parte de esta violencia se da en estos lugares, que están cerrados y segregados. Por otra parte, muchas de las discapacidades que tienen las mujeres que están en este contexto, las han adquirido en el proceso de huida. Hoy por hoy, no hemos podido llegar a esos entornos, no estamos trabajando con mujeres con discapacidad que se encuentran en esos centros. Lo que sí que existen son unos protocolos que tienen alguna visión de género, aunque escasa. Éste es también gran parte del trabajo que tenemos que hacer desde la CEDAW.

P.: En el ámbito personal de las mujeres con discapacidad, ¿qué piensas sobre la asistencia sexual? ¿Y sobre el derecho a la maternidad o las dificultades en los procesos de adopción?

A. P.: Para las mujeres y niñas con discapacidad hay asuntos álgidos en nuestra agenda de derechos humanos como son los derechos sexuales y reproductivos, la asistencia sexual, la maternidad subrogada y las esterilizaciones forzosas o abortos coercitivos. Sobre estos temas, mi posicionamiento y el de la Fundación CERMI Mujeres es que cualquier acción que pase por la cosificación de la mujer como instrumento para provocar placer en otra persona es contraria al pleno respeto de la dignidad inherente a cualquier persona. Así lo recoge claramente el artículo 6 de la CEDAW que habla de “suprimir todas las formas de trata de mujeres y explotación de la prostitución de la mujer”.

En concreto, sobre la asistencia sexual, considero que cualquier persona puede desarrollar su vida sexual y es muy importante distinguir entre este derecho y los servicios de prostitución. Lo que tenemos que garantizar es que las personas con discapacidad puedan relacionarse socialmente en entornos inclusivos y conocer a otras personas y también facilitar que estas relaciones, elegidas libremente, se desarrollen en los términos que necesiten.

Y sobre el derecho a la maternidad también se reconoce en el artículo 23 de la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, en cualquier forma incluida la adopción.

P.: En cuanto al movimiento asociativo, ¿cómo valoras el trabajo de las organizaciones o comisiones de mujeres con discapacidad? ¿Piensas que harían falta más entidades específicas como, por ejemplo, la Fundación CERMI Mujeres?

A. P.: Quiero agradecer al movimiento de la discapacidad que esté creando espacios propios para las mujeres con discapacidad y se reúnan para debatir sobre sus asuntos, porque son de ellas, como los derechos sexuales y reproductivos, la violencia o la discriminación intersectorial.

Pero hay que ir más allá y apoyar la creación de organizaciones específicas para las mujeres con discapacidad. No se entiende que, con casi 600 millones de mujeres con discapacidad en el mundo, 2 de ellos en España, esta población tan elevada no cuente con estos organismos.

P.: Y para finalizar, sobre el movimiento feminista, ¿consideras que es importe que las mujeres con discapacidad se involucren en él?

A. P.: También agradezco la incorporación sucesiva que el movimiento feminista está haciendo de las mujeres con discapacidad, que empiezan a formar parte de estas organizaciones en general. Las organizaciones de mujeres tienen que prestar atención a la diversidad de su población femenina, donde están las mujeres con discapacidad. Al mismo tiempo, el movimiento feminista tiene que entender que deben existir entidades específicas para nuestro colectivo.

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